Latinoamérica ante el desafío climático

Por Ricardo Bussey*

Recientemente se llevó a cabo la Conferencia de Naciones Unidas para el Cambio Climático COP28, dentro de sus conclusiones llamó la atención el llamado a la urgente necesidad de avanzar en la agenda de transición y eficiencia energética para poder dar cumplimiento al objetivo de mantener la temperatura por debajo de los 1.5°C y con ello poder contener los efectos negativos del cambio climático. 

En materia de transición energética, se requerirá triplicar la inversión en energías renovables. En este sentido, Latinoamérica tiene una gran oportunidad para avanzar, si bien países como Brasil y Colombia tienen matrices que pueden ser consideradas limpias, éstas se basan mayoritariamente en la ruta hídrica, la cual se comienza a verse fuertemente impactada por las sequías.

Así, resulta imperioso avanzar hacía modelos donde la energía eólica y solar incrementen su participación en las matrices energéticas en tanto reducimos el componente basado en combustibles fósiles y seguimos explorando las posibilidades de generar escala del hidrógeno verde. Esta agenda resulta aún más crítica en países como Argentina o México donde el peso de las fuentes fósiles representan un porcentaje importante de su mix energético.

Ahora, en lo que respecta a eficiencia energética, la COP28 concluyó que es urgente duplicar las inversiones en la materia. En este punto, es donde encontramos que la electromovilidad, pero, sobre todo la eficiencia en el espacio construido (las edificaciones donde vivimos y nos congregamos los seres humanos) toman una gran relevancia. 

Recordemos que del total de emisiones de CO2 a nivel global, 40% residen en ellas, y si descontamos las emisiones de los materiales, tenemos que ~28% son generadas durante la vida útil de los espacios y principalmente para climatizar y generar confort.

Dicho lo anterior, vemos una gran oportunidad para la incorporación de tecnologías de alta eficiencia, como los sistemas de enfriamiento (Chillers) y las llamadas bombas de calor (heat pumps) de última generación, las cuales pueden ayudar a disminuir dependiente de los espacios y la tecnología con la que originalmente fueron desarrollados entre 50% y 80% los consumos de energía y por lo tanto sus emisiones de CO2.

En paralelo se deben desarrollar políticas públicas que establezcan claramente las metas de eficiencia a obtener para los próximos años con el firme objetivo de llegar al neto cero carbono a más tardar en 2050. Aquí, las hojas de ruta de descarbonización son determinantes, países como Colombia y Chile han avanzado en ello, pero, la agenda en la región aún es incipiente en la materia.  

“Se deben desarrollar políticas públicas que establezcan claramente las metas de eficiencia a obtener para los próximos años con el firme objetivo de llegar al neto cero carbono a más tardar en 2050”.

Para que estas hojas tengan un referente claro de eficiencia y los tiempos para llegar a ella, el modelo de los Estándares de Eficiencia de las Edificaciones o BPS (por sus siglas en inglés) resultan la alternativa más efectiva a implementar, regiones como la europea y países como Estados Unidos ya las incorporaron con probados resultados. Solo por citar un ejemplo, en España, de más de 50 medidas desarrolladas para llegar el Neto Cero, un par de ellas por si solas (el desarrollo del estándar de eficiencia acompañada del reemplazo de las tecnologías de climatización) derivaron en el 50% del avance que actualmente tienen registrado en ese país.

Otra medida es la adopción de taxonomías verdes que incorporen un catálogo de productos y tecnologías que por su desempeño y eficiencia sean calificables e incorporadas en proyectos tanto de edificación nueva como existente que busquen disminuir las emisiones y aspirar al Neto Cero Carbono para acceder a financiamientos con mejores condiciones y tasas de interés.

Esto, debe venir acompañado por acciones de gobierno que estimulen este modelo de construcción, entre ellos incentivos y beneficios fiscales, como lo es el caso de la taxonomía en Colombia donde se establecieron las actividades económicas y las tecnologías verdes calificables para cada una de ellas. 

Adicional a la taxonomía, se desarrolló el Plan Indicativo para el Desarrollo del Programa de Uso Racional y Eficiente de Energía, PROURE, donde se establecieron los incentivos para la incorporación de estas tecnologías: exención del IVA, disminución en el pago del ISR, depreciación acelerada de activos, así como una reducción en los aranceles y la referencia al modelo de distritos térmicos como una de las alternativas para detonar la eficiencia energética en el país.

En resumen, nuestra recomendación sería el desarrollo e implementación urgente de modelos en la región similares al caso colombiano acompañados de un estándar de eficiencia para las edificaciones para con ello poder atender a la emergencia y los efectos que por el cambio climático se visualizan hacia adelante y así generar un futuro más sostenible, inteligente, seguro y saludable para las generaciones por venir.

*Ricardo Bussey, Government and Public Affairs Director LATAM & Global Community Affairs Lead, Johnson Controls

 

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