Por redacción
Los eventos climáticos extremos ya no se limitan a sus estaciones habituales, ocurriendo de manera inesperada y con creciente frecuencia.
Para las ciudades y destinos turísticos vulnerables a fenómenos climáticos extremos, las consecuencias económicas y la realidad se están volviendo más duras: tormentas impredecibles, daños a la infraestructura y economías interrumpidas. En 2023, cuando el huracán Otis, de categoría 5, pasó por la costa pacífica de México, afectó al 80 % de los hoteles en Acapulco y causó daños estimados en 16 mil millones de dólares.
Estas amenazas que se intensifican subrayan la urgente necesidad de resiliencia climática y adaptación en toda la economía.
La industria del turismo no es el único sector afectado. Los incendios forestales en Los Ángeles causaron pérdidas económicas estimadas entre 250 y 275 mil millones de dólares, afectando gravemente a los negocios locales. La creciente frecuencia e intensidad de estos eventos hace más urgente que las empresas reevaluen sus planes de resiliencia climática y adaptación.
Un reciente estudio —Business on the Edge: Building Industry Resilience to Climate Hazards— explora el impacto del calor extremo, los incendios forestales, la sequía, el estrés hídrico, los ciclones tropicales, las inundaciones costeras y las inundaciones fluviales en los activos fijos de las empresas en 20 industrias.
La magnitud de las pérdidas financieras derivadas de estos riesgos preocupa a todos los líderes empresariales. Los resultados destacan que la resiliencia ya no es un aspecto opcional, sino una responsabilidad fiduciaria para las juntas directivas al evaluar el riesgo corporativo.

Contabilizando los costos de los riesgos climáticos
Consideremos qué sucede cuando las fábricas pierden su suministro de agua, los centros de datos tienen dificultades para enfriar, las oficinas quedan sumergidas por inundaciones o los campos se ven afectados por la sequía. La reducción en la eficiencia de los activos fijos, instalaciones y equipos empresariales se reflejará en los balances como un aumento de costos, por ejemplo, debido a reparaciones adicionales, pedidos no cumplidos y reducción de la productividad laboral.
Al mapear el riesgo de los activos fijos con el valor de los activos fijos a nivel empresarial, estimamos que los riesgos climáticos provocarán pérdidas anuales de entre 560 y 610 mil millones de dólares para las empresas cotizadas para 2035, dependiendo del escenario de emisiones.
El impacto es desproporcionado en algunas industrias. La empresa promedio de telecomunicaciones, por ejemplo, enfrentará pérdidas de entre 510 y 563 millones de dólares anuales debido a la vulnerabilidad de los centros de datos y la infraestructura de red al calor extremo.
Un argumento comercial a favor de la resiliencia climática
En general, las pérdidas de activos fijos impulsadas por el clima equivalen a una caída del 6,6 % al 7,3 % en las ganancias para 2035 en la empresa promedio, acelerándose de un 9,9 % al 12,8 % para 2055. Las empresas de turismo, servicios públicos y telecomunicaciones podrían enfrentar pérdidas que superen una quinta parte de sus ganancias para 2035.
Incluso las industrias que parecen menos directamente expuestas a eventos climáticos extremos, como la alta tecnología, el software y las ciencias de la vida, se espera que sufran una presión financiera debido a las interrupciones en la cadena de suministro, el aumento de los costos operativos y el incremento de los riesgos climáticos para la infraestructura y la logística.
Para comparación, los márgenes de ganancia de las empresas del S&P 500 cayeron un 15,3 % durante el año previo al segundo trimestre de 2020, cuando la pandemia de COVID-19 estaba en su punto más crítico. Sin embargo, esta caída se revirtió gracias al despliegue de las vacunas y al apoyo gubernamental a gran escala.

En contraste, los costos por daños relacionados con el clima ocurrirán todos los años y seguirán empeorando. Aunque estas cifras son preocupantes, el verdadero impacto de los riesgos climáticos en las empresas probablemente sea aún mayor. La buena noticia es que invertir en resiliencia y adaptación tiene un retorno positivo: cada dólar invertido puede generar entre 2 y 19 dólares. Por lo tanto, el caso empresarial es claro.
Enfrentando la amenaza de los riesgos climáticos
Cómo una empresa debe desarrollar resiliencia climática depende de sus activos y ubicación, pero cualquier estrategia debe centrarse en tres pilares: mitigar las pérdidas económicas, identificar oportunidades de adaptación para aumentar los ingresos y la sostenibilidad, y colaborar para proteger a las comunidades y los ecosistemas.
Para mitigar pérdidas, las empresas deben comenzar mapeando su exposición al riesgo climático, creando planes de gestión de crisis y diversificando sus cadenas de suministro. Al mismo tiempo, pueden aprovechar oportunidades mediante el uso de materiales sostenibles, el rediseño de productos y la adopción de modelos de negocio circulares para reducir desperdicios y costos.
La resiliencia a largo plazo requiere colaboración entre industrias, comunidades y actores clave para desarrollar prácticas regenerativas, sistemas de alerta temprana y modelos circulares más eficientes.
El informe Business on the Edge destaca 25 ejemplos de empresas con estrategias de adaptación concretas, junto con siete análisis sectoriales en agroindustria, alimentos y bebidas, infraestructura y transporte, ciencias de la vida, telecomunicaciones y turismo, con recomendaciones específicas y consideraciones sobre la cadena de suministro.
Estas conclusiones envían un mensaje claro: los líderes empresariales deben actuar con urgencia. Las empresas que no fortalezcan su resiliencia y se adapten perderán competitividad a medida que la crisis climática y ambiental transforme los mercados y altere las cadenas de suministro. Los activos físicos quedarán obsoletos, los riesgos financieros aumentarán y la vida y el sustento de muchas personas estarán en juego.
Con información del Foro económico Mundial